4/9/07

Mélida Anaya Montes: educadora y revolucionaria por vocación

Por: Roselia Núñez

Hablar de Mélida Anaya Montes, significa destacar su papel como profesora,secretaria general de ANDES 21 de junio y segunda al mando en 1983, de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí, FPL.

Como docente, se desempeñó en diversos centros educativos de Zacatecoluca y San Salvador y también ejerció en la Universidad de El Salvador, de donde obtuvo el doctorado en Ciencias de la Educación.

Mélida Anaya Montes, nació un 17 de mayo de 1929 en Santiago Texacuangos, Departamento de San Salvador. Desde su infancia quería ser maestra y con grandes esfuerzos económicos culminó sus estudios en una escuela situada a dos kilómetros de su casa.

Su preparación como maestra la continuó con la ayuda de un pariente de su padre que vivía en la capital, hasta graduarse con éxito en octubre de 1943.

Como docente, se desempeñó en centros educativos de Zacatecoluca y San Salvador, de donde obtuvo el Doctorado en Ciencias de la Educación en 1970.

A partir de los años 60, fue reconocida por su lucha reivindicativa gremial. En 1965 y bajo los postulados de Mélida fue creada la Asociación Nacional de Educadores Salvadoreños, ANDES 21 de junio, de la que fue Secretaria de Conflictos y Secretaria General en los años 60 y 70.

En 1968 es una de las máximas dirigentes de la primera gran huelga magisterial salvadoreña. Para ella, el papel de los docentes y del sistema educativo del país, debía estar encaminado a convertir a la persona en crítica y actuante dentro de la sociedad. De ahí su lucha por la reforma educativa bajo la permisa de que la educación debía ser utilizada como un factor liberador del individuo.

La lucha en el magisterio, encaminada a mejoras salariales, laborales y respeto de su dignidad como persona, iban acompañados de reivindicaciones más amplias como resolver antes, los problemas del país, como la falta de libertades, de organización y de un proyecto político que trascendiera los límites del modelo dictatorial y militar de la época.

La comandante “Ana María”
Perseguida por el régimen militar, en 1971 se enlistó a las filas de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí FPL, donde fue conocida por el seudónimo comandante Ana María.

En el libro con la Mirada en Alto de Marta Harnecker, quienes la conocieron explican que cuando ella se incorporó a la organización, lo hizo “porque le pareció correcto” el planteamiento político militar, la estrategia y la táctica integradora de todas las formas de lucha que contribuyeran al avance de la revolución y al desarrollo de las fuerzas del pueblo.

Sin dejar su puesto como Secretaria General de ANDES 21 de junio, en el segundo semestre de 1974 y como cuadro de las FPL, pasó a formar parte de la primera Comisión Nacional de Masas.

Atendió la subcomisión nacional magisterial y unos meses más tarde la subcomisión nacional del Bloque Popular Revolucionario.

Luego comprendió la necesidad de unir los destinos del magisterio y de las masas populares con los intereses y el futuro de los trabajadores. Desde el inicio, se incorporó a todo tipo de tareas clandestinas, iba armada a pintar muros, a dar seguridad y a realizar observaciones de objetivos.

Estuvo en el Cerro Guazapa durante la ofensiva final, impulsada por el FMLN en 1981.

Visión política
Salvador Sánchez Cerén, uno de los líderes políticos del país que conoció a la comandante, la describe como una persona con visión política y teórica que en ningún momento dudó, si era necesario, tomar el camino de la lucha armada para cambiar y hacer la revolución.

Para Cerén, es la Comandante Ana María quien contribuye en la unidad de las organizaciones político militares, de ahí el acercamiento inicial entre las FPL y el Partido Comunista con el resto de las organizaciones que luego conforman el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, FMLN.

A partir de ahí, es considerada una de las gestoras con visión integral, de considerar la lucha diplomática y el diálogo. Rechazaba el enfoque militarista por si solo.

Las ideas de ella eran muy diferentes a las de Cayetano Carpio, Marcial, fundador de las FPL en 1970 y primero al mando de este grupo clandestino en 1983, lo que generó pugna de poderes y llevó a un grupo de fanáticos, seguidores de Marcial, a asesinar a Mélida cuando se encontraba en Nicaragua, en marzo de 1983.

Este, al ser delatado por los autores del crimen, se suicida en abril del mismo año. Los restos de la Doctora Mélida continúan aún en tierras nicaragüenses debido a la ausencia de familiares que reclamen la repatriación de los mismos.

A 21 años de su asesinato, Sánchez Cerén considera que la gran enseñanza que dejó la comandante fue la necesidad de fortalecer la unidad de la izquierda y de ésta con los intereses de la mayoría de la sociedad.
Escrito para ser publicado en "La Gazeta Universitaria" de la Secretaría de Comunicaciones de la Universidad de El Salvador, el 31 de abril de 2004.