6/8/16

En honor a las víctimas de la masacre estudiantil de 1975: Prohibido olvidar


Por: Roselia Núñez

El 30 de julio de 1975 es una fecha inolvidable para el movimiento estudiantil universitario, y comunidad universitaria en general, ya que el ejército salvadoreño masacró una marcha estudiantil universitaria y de secundaria por órdenes del Ministro de Defensa Carlos Humberto Romero y el consentimiento del entonces presidente del país Arturo Armando Molina.

La marcha del ese día era para denunciar que el 25 de julio de 1975, el gobierno del Coronel Arturo Armando Molina había intervenido militarmente el Centro Universitario de Occidente (conocido desde 1992 como Facultad Multidisciplinaria de Occidente), con lo cual el gobierno logra detener la organización del desfile Bufo que el sector estudiantil de Santa Ana desarrollaba cada 26 de julio, durante las fiestas patronales de esa ciudad.

A pesar que el General Carlos Humberto Romero, Ministro de Defensa “nos había advertido a través de la radio, la televisión y con papeletas tiradas de un avión, que la universidad se atenía a las últimas consecuencias, salimos a marchar en defensa de la autonomía universitaria”, dice Mirna Perla, quien era estudiante de Derecho y además, formaba parte del UR19 FUERSA.

La marcha que fue organizada en nombre de la autonomía universitaria, salió el día miércoles 30 de julio de 1975, a las 3:30 de la tarde del estacionamiento de la Facultad de Ciencias y Humanidades de la Universidad de El Salvador, hubo quienes se unieron  en  Jurisprudencia y Ciencias Sociales.

Otro grupo entre los cuales se encontraba la Licenciada Candelaria Navas docente del Departamento de Ciencias Sociales de la UES, se incorporó a la marcha en la esquina de la ahora conocida como Plaza Minerva.

La Licenciada Navas era en 1975 instructora de Sociología y se unió al grupo de maestros de la Facultad de Ciencias y Humanidades, quienes iban ondeando sus pancartas al ritmo de consignas como “pueblo únete, pueblo únete”.

El estudiantado que marchaban de forma pacífica, fue masacrado en las inmediaciones del puente a dos niveles, ubicado sobre la 25 Avenida Norte, ahora Avenida Estudiantes Mártires 30 de julio, a inmediaciones del Seguro Social.

Deciden cambiar de rumbo
La Licenciada Mirna Perla recuerda que cuando iban a la altura del Externado San José empezaron a ver las tanquetas que venían y los aviones que les sobrevolaban.

Fue en ese momento, “que decidimos cambiar de rumbo nuestra marcha que se dirigía hacia el parque Cuscatlán y que luego partiría hacia el Parque Libertad donde íbamos a realizar un mitin de protesta”.

Pero “cuando doblamos a la altura del paso a dos niveles, aparecieron la Policía y Guardia Nacional, disparando y ametrallando a quienes encabezaban la marcha.

Creímos que había que retroceder pero en ese momento nos cortaron el paso (al inicio del paso a dos niveles) las tanquetas que venían a aplastar al grupo de estudiantes. “Yo me tiré del paso a dos niveles, me fracturé la rodilla izquierda y me llevaron al Hospital Rosales de donde me sacaron a las 11 de la noche.

Ahí estaba la policía buscando heridos de la marcha. Estudiantes de Medicina en ese momento muy valientemente nos ayudaron, nos sacaron y expusieron sus vidas para podernos salvarnos”, recuerda la Licenciada Perla.

La Licenciada Navas también recuerda las tanquetas. Ella cuenta que cuando iban a la altura del Hospital Pro Familia, comenzaron a ver las tanquetas que estaban cerca del Hospital Rosales, “nos preguntamos qué pasa y fue cuando el estudiantado que iba al inicio de la marcha, decidió cambiar de rumbo, algunos avanzaron y otros empezamos a huir”.

“En el contingente donde yo iba, sentí que no había forma de huir, porque habían personas empujándonos y lo que hice fue arrastrarme hasta lograr salir del grupo, eso, a la altura del Hospital Pro familia”.

Comenzaron los disparos
La Licenciada Silvia Matus, quien era estudiante de Sociología y además se encontraba organizada en las estructuras clandestinas de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), recuerda que iban tomados de la mano con el grupo de estudiantes del Departamento de Sociología cuando comenzaron los disparos. En julio de ese año, ella tenía dos meses de embarazo.

Matus al igual que muchos de sus compañeros y compañeras corrió en busca de un refugio que le cubriera de las balas.

Algunas personas desesperadas saltaron del puente a dos niveles, sobre la ahora Calle Juan Pablo Segundo, otro grupo entre los que estaba Matus, saltó el muro del Seguro Social que tenía un aproximado de cuatro o cinco metros de altura. Una vez refugiados en el Hospital del Seguro, Matus recuerda que el personal médico del hospital les limpio y dio batas del Seguro Social y “nos llevaron a las camas para hacernos pasar como pacientes para que el ejército no nos llevara”.

Posterior a la masacre, buena parte del sector estudiantil se fue al Parque Libertad como lo habían planificado y lograron comunicarse a través de un radio aficionado para lanzar la noticia a toda Centroamérica “y la voz del estudiantado en aquel momento no se pudo callar”, dice la Licenciada Perla.

No hay datos precisos, pero se mencionan muchos nombres de personas heridas, muertas y desaparecidas. A juicio de Matus la masacre generó miedo en el estudiantado, ya que por muchos años, no se atrevieron a salir en marcha, “habían quedado con temor... y no fue sino hasta que se ajustició al rector de la derecha (Carlos Alfaro Castillo en 1977) que el estudiantado resurgió con menos miedo”.

Cada año el movimiento estudiantil de la UES retoma esta fecha, que se vuelve justa y necesaria para  recordar y contar a las nuevas generaciones, qué pasó aquel 30 de julio de 1975. En honor a las víctimas, ¡Prohibido olvidar!